Cuerpos en estado de erupción: la performance y metamorfosis de Malu Avelar

Malu Avelar, 1300° qual a saúde de um vulcão (1300°: ¿cuál es la salud de un volcán?). Foto: Sergio Fernandes
En su performance, la artista de Minas Gerais disuelve fronteras entre el cuerpo y la materia. Voces emergen como fuerzas térreas, convocando presencia, miedo y deseo. Este texto aproxima la obra de Malu a fabulaciones para pensar la salud, la monstruosidad y modos de existir posthumanos.
Cuando pienso en la performance 1300° — qual é a saúde de um vulcão? (1300°: ¿cuál es la salud de un volcán?) de Malu Avelar, siento la necesidad de poner allí mi presencia de modo radical, como si así pudiese recuperar algo que constantemente nos quitan. Y esa invitación viene de la de la percepción de que somos llamadas a estar disponibles para el más allá de la mirada.
Avelar convoca a un encuentro imantado al entrar en un pequeño recinto, con piso de linóleo y un móvil de fragmentos de cerámica suspendido en el centro. A partir de esa aparición, desarrolla una danza que se desdobla en metáforas corporales y vocales, inspirada en la investigación “Glosolalia intensiva: cómo crear una voz para el cuerpo sin órganos (o ecología de prácticas para una esquizovocalidad)”, de Rodrigo Reis. Su cuerpo transita por diferentes estados –agua, barro, fuego, aire y piedra–, cada uno asociado a una consonante pulmonar. Al articular sonoridades y movimientos intensos hace surgir vidas posthumanas.

Malu Avelar, 1300° qual a saúde de um vulcão (1300°: ¿cuál es la salud de un volcán?). Foto: Sergio Fernandes

Malu Avelar, 1300° qual a saúde de um vulcão (1300°: ¿cuál es la salud de un volcán?). Foto: Sergio Fernandes
Disuelta en el agua, fluye en ondulaciones continuas hasta asentarse en el barro, recorriendo texturas lentas y viscosas. Avelar irrumpe con movimientos urgentes que hacen que el cuerpo tiemble y el rostro se transfigure al revelarse magma incandescente. El aire, en su levedad expansiva, restaura y oxigena hasta alcanzar la piedra, donde se impone la densidad y la lentitud resguarda lo antiguo. La piedra siempre es difícil porque su fuerza mineral habita una temporalidad que exige paciencia. La vocalización que atraviesa esos estados nos espanta, igual que la luz azul de la lava, alusión al volcán Kawah Ijen de Indonesia.
Como público, nos reconocemos parte, casi cómplices, de la coreografía telúrica que, en diálogo con la iluminación y la banda sonora, amplía percepciones de lo que decodificamos como voz, corporeidad y movimiento.
Al desplazar el cuerpo para desorganizar la forma, Malu abre um campo magnético. Es belleza que no se revela de inmediato, pero que se insinúa a través de la tensión y del miedo a aquello que aprendemos a llamar “monstruoso”. Quien observa la performance se ve seducido por esas presencias inmensas y “terribles”, porque nos enseñaron a percibirlas como amenazadoras –volcanes, ballenas, el mismo mar, entre otras–, aunque también deseamos acercarnos a ellas, sea para reconocer algún parentesco o por impulso de dominarlas.

Malu Avelar, 1300° qual a saúde de um vulcão (1300°: ¿cuál es la salud de un volcán?). Foto: Sergio Fernandes

Malu Avelar, 1300° qual a saúde de um vulcão (1300°: ¿cuál es la salud de un volcán?). Foto: Sergio Fernandes
Esos procesos metafóricos me llevan a [re]memorar la trilogía Xenogênese (Xenogénesis), de Octavia Butler (1947–2006), especialmente Imago. Butler narra la experiencia de un grupo de humanos rescatados por los oankali* después del fin del mundo, tensionando dinámicas de convivencia e imaginando un futuro en red. Para los oankali, la supervivencia implica dar consentimiento a la fusión genética: al ofrecer tecnología y cura para repoblar el planeta, incorporan y alteran la especie humana partiendo de la premisa de que posee la tendencia a la autodestrucción.
Al acercar esa ficción a lo que crea Avelar lo que me interesa es que los seres de Imago son ooloi, entidades capaces de metamorfosearse en múltiples existencias, provocando inestabilidad y afirmando la vida como flujo. Como planteo enSó a água sustenta o nosso peso (Solo el agua sostiene nuestro peso), “el monstruo habita la frontera de la normatividad [lo humano], pues la existencia monstruosa es expansiva, excesiva y no cabe en la regularidad impuesta por aquellos que reproducen las nociones de lo que sería ‘normal’”. Esas otras formas de estar en el mundo de la historia de Butler muestran nítidamente las tensiones del eje humano-monstruo, igual que Avelar, pero ambas van más allá: ejercitan el desvío de esa binariedad.
Se engañará quien crea que Malu reivindica la parte humana o monstruosa de este mundo. Por el contrario, su trabajo nos ofrece la oportunidad de radicalizar percepciones que nos aprisionan: monstruos o, en el caso de los ya reconocidos, humanos, y cuestionar la expectativa de que la promesa de “volverse humano” se cumpla para personas como nosotras: racializadas, disidentes de género y tantos otres. El ejercicio inmediato sería: ¿qué sucedería si desistiéramos de ese “volverse”? ¿Qué colapso produciría? ¿Nuestra salud podría erupcionar a partir de esa práctica?

Malu Avelar, 1300° qual a saúde de um vulcão (1300°: ¿cuál es la salud de un volcán?). Foto: Sergio Fernandes

Malu Avelar, 1300° qual a saúde de um vulcão (1300°: ¿cuál es la salud de un volcán?). Foto: Sergio Fernandes
Al revisitar el bramido somos capaces de comprenderlo como anuncio del porvenir de las vidas que emergen de la destrucción de aquello que les impide mantener la salud en este mundo. En ese instante, cuando todos los espíritus abren la boca junto a la tierra, aquellos relegados al margen de lo humano recuperan la fuerza de su rabia. Se configura así un espacio que imagina cuerpo y sueño como señales de un movimiento de ida y vuelta que , cuando retorna, ya no es el mismo.
Por lo tanto, más allá de ensayar formas radicales de existencias que habitan el campo de lo no dicho, se propone una ética de creación-con, reconociendo la materia como relación compartida, no como receptáculo. Avelar está dispuesta a serpentear por las profundidades de la tierra convocándonos a mantener el estado de presencia y a organizar posibilidades de existencia y parentesco que engendren ecosistemas e interacciones valiéndose de la sensibilidad para reconfigurar otras formas de cognición.
1300° — qual é a saúde de um vulcão? se presentó en elTeatro Sesc Tijuca, Río de Janeiro, Brasil, entre el 29 de mayo y el 1 de junio de 2025.
* Los oankali son seres alienígenes que tienen tres géneros: macho, hembra y ooloi/nb-neutro.
Sobre el autor
Camila Fontenele
Camila Fontenele es investigadora, curadora, fotógrafa freelance y artista visual. Magíster en Estudios de la Condición Humana de la UFSCar, con especialización en Cinema, TV y Video (Bellas Artes/San Pablo) y licenciado en Comunicación Social (UNISO), investiga las relaciones entre cuerpo, fabulación especulativa e interespecies, desplegando fricciones entre el eje humano y el monstruo y en el ensanchamiento hacia otras formas de existir.
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